Cuaja el vértigo en tus ojos,
un suplicio de peces traga la piedra de tu lengua:
pájaros lúcidos al borde de las clavículas
Los cabellos pulpos enredados en los dedos
Piernas puras como esclusas
No hay más poder que éstas,
mis clavículas.
Poeta, periodista cultural, crítica de arte. Terapeuta zen shiatsu.